UN MENSAJE QUE HAY QUE COMPARTIR

Dijo Jesús: “Id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19). Estas palabras, conocidas como “la Gran Comisión”, son una motivación para los adventistas.

En 1874, John Nevins Andrews salió rumbo a Europa como el primer misionero oficial adventista. Andrews organizó un grupo de creyentes en Suiza y ayudó a iniciar una casa editora.

Hoy día, la Iglesia Adventista del Séptimo Día está presente en más de doscientos países. Su compromiso incluye la televisión satelital y la radio de onda corta en todo el mundo, un inmenso programa de publicaciones, miles de instituciones educativas, una gran red de hospitales y clínicas, y cientos de misioneros en el extranjero. También incluye una obra humanitaria mundial por medio de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) y de Servicios Comunitarios Adventistas (ACS).

La obra misionera implica no solo compartir la historia de Jesús sino aliviar el sufrimiento. Jesús explicó que cuando regrese dirá a sus seguidores: “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme […]. En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:35-40).

Los adventistas del séptimo día apoyan con generosidad la obra misionera por medio de sus diezmos y ofrendas. Como lo declara el sitio web de misión de la iglesia: “Mientras exista una persona que no conozca el amor de Dios, aún tendremos necesidad de misioneros”.

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